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OLOR NAUSEABUNDO
La Triple frontera bajo las cenizas de la fábrica Alur que quema y contamina el ambiente
Nuevamente Monte Caseros y el resto de la región tripartita en el sur de Corrientes sufrió ayer el mayor impacto ecológico en años con la lluvia de cenizas producida por la quema de caña de azúcar en la vecina ciudad de Bella Unión.

Cruza el río y afecta de lleno a Monte Caseros, evidenciando una problemática ambiental que urge actualizar. Sumado al olor nauseabundo de la conocida fábrica de etanol Alur. Casi tres décadas de reclamo de las autoridades argentinas sin que brinden solución a esta contaminación de la región.

Mientras en gran parte del mundo la agroindustria ya implementa la cosecha en verde y métodos mecanizados eficientes que cuidan los recursos, aquí en Bella Unión y en Monte Caseros siguen padeciendo las consecuencias de un método arcaico: aire contaminado que perjudica las vías respiratorias, partículas tóxicas depositándose en las corrientes de nuestro río Uruguay y una falta de empatía ambiental que no escala con los tiempos modernos.

Ambientalistas exigen innovación y responsabilidad ecológica a las autoridades uruguayas y empresas involucradas; la producción y el trabajo local no pueden ni deben sostenerse a costa de la salud de los vecinos ni del deterioro de la naturaleza.

La producción comercial e industrial de caña de azúcar en Bella Unión (departamento de Artigas) comenzó de forma organizada hace más de 80 años, a comienzos de la década de 1940 (impulsada formalmente hacia 1941 por pioneros como el ingeniero agrónomo Alfredo Mones Quintela en la zona de Itacumbú).

En cuanto a la quema de hojas (práctica histórica conocida como quema de la caña en pie o quema de rastrojo previo a la zafra para facilitar el corte manual o el ingreso de maquinaria sin exceso de materia verde), acompaña al cultivo prácticamente desde sus orígenes comerciales. Esta técnica se ha utilizado durante décadas para eliminar hojas filosas, insectos y facilitar la tarea de los zafrales, aunque genera importantes volúmenes de cenizas volátiles, humo y gases que afectan la calidad del aire y molestan a las poblaciones locales. Si bien en los últimos años se ha avanzado parcialmente hacia la cosecha mecanizada en verde en algunas áreas, la quema ha sido una constante histórica de la zafra norteña.

Respecto a la propiedad de las plantaciones en Bella Unión y el resto del Uruguay:

El rol central de ALUR: Todo el sistema sucroalcoholero nacional gira en torno a ALUR (Alcoholes del Uruguay), una subsidiaria de ANCAP (el ente estatal de combustibles de Uruguay). ALUR opera el complejo industrial (el ingenio), procesa la materia prima y produce azúcar y bioetanol.

Los productores (dueños de la tierra y cultivos): Las más de 7.000 hectáreas dedicadas a la caña de azúcar en Bella Unión no pertenecen a un único dueño monopólico, sino que están fragmentadas en un régimen mixto. Existen desde medianos y grandes productores cañeros independientes hasta numerosas parcelas trabajadas por pequeños productores familiares organizados históricamente en cooperativas y agremiaciones (como la gremial de cañeros), los cuales operan bajo contratos de entrega asegurada con ALUR para abastecer la destilería y el mercado interno de azúcar y naftas.

El Ambiente De La Triple Frontera En Peligro: El arcaico método de la cosecha de caña de azúcar en Uruguay: Reserva de la Biósfera o lluvia de cenizas

Ochenta años respirando cenizas, humo negro y material particulado no es "progreso", para la región transfronteriza que busca ser declarada reserva de la biotfera por la UNESCO, sino que es una condena ambiental que se repite zafra tras zafra en Bella Unión.

Mientras el ingenio azucarero y las quemas masivas de caña en pie siguen operando bajo el mismo modelo arcaico, el aire que respira todo el pueblo se llena de toxinas que dañan las vías respiratorias, contaminan el agua y destruyen el equilibrio ecológico.

Las cenizas que cubren los techos y las calles no son solo una molestia visual: son la prueba constante de un costo ambiental y sanitario altísimo que pagan los vecinos en silencio.

La soberanía productiva y el trabajo no pueden seguir sosteniéndose a costa de la salud de la gente ni del deterioro sistemático de nuestra tierra. Es urgente una transición real hacia la cosecha en verde y tecnologías limpias; seguir quemando el futuro por el negocio de siempre ya no es admisible.

Como así también la producción de etanol de la fábrica Alur que tras la podredumbre de su vinaza los olores nauseabundos invaden las ciudades vecinas de la triple frontera que además cuenta con tres reservas naturales, una en cada país.

Miles de reclamos de funcionarios argentinos por décadas, donde las autoridades uruguayas miraron para otro lado, mientras hoy buscan irónicamente que se declare a la región transfronteriza Reserva de la Biósfera para la conservación y el desarrollo.


Martes, 1 de septiembre de 2026

 
 
 
 
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